martes, 30 de julio de 2024

LA PERSUACIÓN DEL CRISTIANISMO: HISTORIA Y MÉTODOS DE CONTROL ESPIRITUAL.

 Preámbulo

El cristianismo histórico y sus métodos de persuasión para controlar a través del premio del cielo y el castigo del infierno. Creación de castigos y esperanzas para controlar la felicidad humana en vida y en la muerte.



Poder Ilimitado e Incontrolable

Para poder entender el ilimitado poder que impuso la repulsión y aborrecimiento de la mujer durante milenios, sin que nadie se atreviera a adversarlo o cuestionarlo, es necesario incursionar someramente en la historia y orígenes de ese poder, y en algunos de los métodos “persuasivos” que usó y usa el cristianismo para imponerse.

Este se originó durante el siglo I d.C. en las provincias orientales del Imperio Romano, en toda la zona de Judea, Palestina, en el corredor sirio-palestino, en Siria; quiere decir que tenía unas coordenadas históricas, cronológicas, geográficas, sociales y religiosas, pues era un movimiento de origen judaico pero que, a mediados del siglo I, se va transformando en un movimiento helénico, helenófono, lo cual implicaba que muchos no judíos podían acceder a su mensaje de salvación. El mensaje de salvación personal que ofrecían era para todos.

Atractivos Codiciados


El primer y maravilloso mensaje atractivo de salvación emitido por el cristianismo, fue la promesa de una vida eterna; es decir, una existencia ilimitada en otro plano después de la muerte, imponiendo primero que la eternidad es de suprema importancia, y que la misma comienza con la muerte física, concepto que enseña que debemos mantenernos concentrados en esa eternidad.

Para cumplir con ese atractivo, de manera muy inteligente, crearon un premio, uno excelente y muy codiciado que llamaron el cielo; lugar de indeterminada ubicación, donde las personas al morir, si en vida habían cumplido estrictamente con los preceptos impuestos por la Iglesia, llegarían a ese lugar paradisíaco, donde por toda la eternidad disfrutarán de todos los placeres terrenales y no terrenales, y de alegrías que rebasan nuestros deseos e imaginación; y además, la complacencia de Dios por toda la eternidad; es decir, felicidad plena y además interminable, sin preocupaciones ni necesidades.

Supervisión, Control y Dominio

Esa posible felicidad eterna era necesario dominarla y controlarla, imponiendo limitaciones en la fidelidad de los creyentes, y para ese control implementaron o crearon un castigo; un horrendo castigo, superior a cualquier otro conocido y existente, que llamaron el infierno; lugar lúgubre, siniestro, tétrico, donde irían a parar los difuntos; en vida transgresores, pecadores que nunca se arrepintieron ni obtuvieron el perdón a través de los miembros de la Iglesia; y en el cual permanecerán durante toda la eternidad, en un lago de fuego, controlado por figuras siniestras y donde sistemáticamente se les infligen horrendas torturas y sufrimientos, no comparables con los conocidos en la vida terrenal.

Incentivos y Esperanzas para la Felicidad

Para incentivar las esperanzas de lograr la felicidad plena de aquellos que muriesen en la gracia y la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, también crearon una alternativa, en una zona intermedia entre el más allá y el más acá, que llamaron el purgatorio; algo así como una sala de espera, donde los difuntos purgaban sus pecados por un tiempo menor de la eternidad, recibiendo castigos inferiores a los del infierno, pero también muy duros. Lugar del cual solo podían salir por mediación de los sufragios que los vivos, familiares del difunto, debían rezar mucho, y si querían disminuir la estadía en ese también terrorífico lugar, y acelerar la continuación en el camino hacia el cielo, lo lograban en función de la generosidad de los donativos a la Iglesia para adquirir indulgencias, y así sus muertos podían proseguir hacia la felicidad eterna. La venta de indulgencias, y los cuantiosos donativos de familiares de difuntos, produjeron un inmenso caudal de bienes terrenales a la Iglesia, persistiendo en su explotación durante muchos años, convirtiéndose en un lucrativo negocio que enriqueció a muchos; y sobre todo a la Iglesia, que no cesaba de vender indulgencias, incluso a los que en vida quisiesen acumularlas para su uso al morir; es decir, era como un pago adelantado para lograr la “felicidad eterna”.

Como puede observarse, usaron los dos métodos conocidos para generar control y servidumbre: infundir miedo e infundir esperanza, que se traduce en la renuncia del presente en el futuro.

Castigo para los No Bautizados

Para los que, por cualquier motivo en vida, no hubiesen eliminado a través del bautismo el pecado original con el cual nacen todos los humanos; generalmente los niños; o los que no hubiesen conocido la doctrina de Cristo, crearon un lugar cercano al infierno para esos difuntos, y el cual denominaron el limbo, en el cual estarían por toda la eternidad, sin sufrimientos, en la oscuridad y privados para siempre de la gracia de Dios; es decir, en el más absoluto olvido.

CONTINUARÁ

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