martes, 6 de agosto de 2024

DOMINACIÓN ECLESIÁSTICA: EL USO DEL MIEDO COMO HERRAMIENTA DE CONTROL Y EXPANSIÓN.

 Preámbulo: 

Dominación eclesiástica a través del miedo al cielo, infierno, purgatorio y limbo. Terror religioso como herramienta de control y expansión cristiana.




Monopolio Sobre la Vida y la Muerte

Esos hermosos y atractivos lugares fueron creados en diferentes épocas y con diferentes penalidades, con innobles propósitos de dominación y control de los seres humanos, imponiendo esas cuatro divinas creaciones como dogmas incuestionables que, por supuesto, son horrendas y terroríficas.

El cristianismo y el catolicismo se impusieron y mantuvieron durante siglos el monopolio espiritual y material, con poder de vida y muerte sobre millones de seres humanos, sin que nadie pudiese interferir en el poder omnímodo de la Iglesia. Esta era la única que tenía las llaves del destino eterno de los humanos; es decir, después de la muerte, eran quienes podían controlar la vida eterna, y los únicos que podían ofrecer la salvación de las almas. Esto solo se podía alcanzar siguiendo los preceptos establecidos por ellos, y quien los rechazara, los pusiera en duda, o no los aceptara, se convertía en hereje, era excomulgado y estaba ya de antemano condenado a pasar la eternidad en el horrible e inmenso fuego del infierno.

Certezas Absolutas Atribuidas a Dios

La existencia del cielo, el infierno, el purgatorio y el limbo se impusieron como certezas absolutas, no discutibles ni puestas en duda, porque, según los padres de la Iglesia, eran la creación de Dios para castigar después de la muerte a quienes en vida violaron sus normas, entrando en el mundo del pecado mortal.

Como la Iglesia era la única autorizada por poderes divinos para dictar las normas sobre el destino de las almas, no había más remedio que aceptar pasivamente los bárbaros, justos o injustos dictados del cristianismo.

¿Imagínese el terror que significaba morir y tener que pasar una eternidad en un lecho de fuego del infierno, o cientos de años rezando los vivos y pagando para salir del purgatorio? Recibiendo, además, los más horribles castigos; o el temor de que el hijo recién nacido muriese sin haberse limpiado a través del bautismo el pecado por nacer, y que pasase la eternidad en el silencio y la oscuridad del limbo.

Métodos Persuasivos para Expandirse

Es evidente que el terror, el miedo, la amenaza y el pavor que causaban tan terroríficos lugares fueron la persuasión que utilizó y utiliza el cristianismo y el catolicismo para propagarse. Normas impuestas que le permitieron dictar conductas, comportamientos “morales” y reacciones de los seres humanos entre sí. Entre muchos, el de mayor gravedad fue el odio entre unos y otros, y en especial contra las mujeres. Todo esto, además del terror de sus creaciones, se impusieron a la fuerza con las Cruzadas, la persecución y muerte de los Cátaros y la Inquisición, que, con el poder ilimitado de la Iglesia, y en el nombre de Dios, para imponer sus doctrinas, destruyeron pueblos enteros llenos de cientos de miles de seres humanos inocentes, y levantaron sus templos sobre montones de cadáveres de seres que ni entendían ni aceptaban esa barbarie impuesta. Afirmaciones suficientemente debatidas y probadas históricamente.


Persistencia del Terror en el Siglo XXI

Han transcurrido dos mil años, y aun millones de personas fanatizadas siguen bajo el temor de esas cuatro creaciones: bajo el terror del infierno, del purgatorio y el limbo, y con la esperanza del cielo. Todos lugares que ni la ciencia, ni la teología, ni la filosofía han probado su existencia, atribuyendo su creación a la imaginación de muchos sabios y “santos” de la Iglesia.

La amenaza ha sido siempre, y en esta fecha del siglo XXI continúa con la misma intensidad, en todos los lugares donde se practica la religión. El cielo y el infierno son el pan nuestro de cada día, en el catecismo, en los colegios católicos, en los oficios religiosos, en los oficios de difuntos, en el bautismo, en el matrimonio y en todos los actos donde interviene un clérigo, no falta un recordatorio del cielo o del infierno. Ya no se menciona el purgatorio porque dejó de ser un negocio, ya nadie compra indulgencias; y el limbo cayó en desuso porque un Papa hace poco tiempo declaró que no existía.

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