Exploración del paternalismo y el machismo: Impacto en la autonomía femenina a lo largo de la historia.
Introducción al Paternalismo
El paternalismo, un concepto que puede resultar incómodo de abordar, ha tenido una presencia constante en la historia de la humanidad. ¿Has escuchado alguna vez la expresión "el padre sabe mejor"? El paternalismo se basa en la idea de que los hombres deben ejercer el control y la toma de decisiones en beneficio de las mujeres. Exploraremos más a fondo este tema controvertido y su impacto en la vida de las mujeres.
¿Qué es el Paternalismo y Cómo ha Influido en la Historia?
El paternalismo es un sistema de creencias y prácticas que presupone que los hombres saben lo que es mejor para las mujeres. A lo largo de la historia, hemos presenciado la imposición de roles y expectativas en función del género, donde los hombres asumen el papel de protectores y proveedores, ya que consideraban que las mujeres eran frágiles y necesitadas de guía masculina. Puede entenderse como la aplicación de las formas de autoridad y protección propias del pater familias tradicional, en busca de lo mejor para todos a través de las decisiones que tome. Este enfoque paternalista ha perpetuado desigualdades y ha restringido el potencial y la autonomía de las mujeres.
El Machismo: Rompiendo los Estereotipos Dañinos
El machismo es una abominable conducta promovida, según algunos, por el cristianismo. Está constituido por actitudes y comportamientos que violentan sin justificación la dignidad de la mujer en comparación con el hombre, siendo uno de los elementos en los que se sustenta la misoginia, ya que ambas conductas tienen el mismo origen. El machismo es un fenómeno que ha afectado profundamente a las mujeres a lo largo de 20 siglos.
Uno de los aspectos más negativos del machismo, que le ha permitido subsistir a lo largo de muchas generaciones, es que las mujeres, como consecuencia del fanatismo religioso estereotipado, le han conferido validez. La sumisión clerical les ha hecho creer que son inferiores y que su dependencia del varón es absoluta, ya que así ha sido establecido en los libros sagrados como un mandato de Dios. Muchos autores, generalmente fanáticos religiosos al servicio del cristianismo, han atribuido muchas causas al machismo y han llegado al extremo de afirmar que tal aberrante conducta nació en el paleolítico, para así tratar de excluir la responsabilidad del cristianismo como sus únicos creadores, a mucha distancia del paleolítico.
Origen y Promoción del Machismo
Aunque el paternalismo ha existido desde tiempos inmemoriales en muchas sociedades antiguas y actuales, es notable que, por intereses religiosos, se ha tratado de confundir el paternalismo con el machismo. Esto se ha hecho con el propósito de atenuar teóricamente los efectos negativos de este último sobre las mujeres. Mientras que en el paternalismo el rol del hombre es el de protector y proveedor, en el machismo, el rol del hombre es el de propietario, patrón y dueño de la mujer; es una especie de esclavitud solapada, creada como consecuencia de interesadas interpretaciones de los libros "sagrados" por los teólogos de la Iglesia, en los albores del cristianismo, específicamente sobre el capítulo 2, en la segunda creación contenida en el Génesis del Antiguo Testamento. Allí se entrega la mujer al "macho" como un objeto de su posesión, invocando el nombre de Dios.
En nuestras sociedades, a las mujeres se les inculca desde su nacimiento abnegación, debilidad, renunciación, sacrificio, entrega, sumisión y, sobre todo, dependencia del varón. Simultáneamente, a los hombres se les enseña que deben ser dominantes, agresivos, temerarios, autoritarios y seductores, y se recalca la debilidad, inferioridad y dependencia de la mujer, todo ello debidamente estructurado por la religión para ocultar el dominio instituido del macho sobre la hembra. Esta interpretación y entrega se tratarán en profundidad en posteriores escritos relacionados con la materia.
Conclusión
En este corto pasaje por la historia antigua, se puede observar que en las culturas y religiones de esas épocas, las mujeres eran consideradas como diosas madres, divinidades que ejercían poder sobre todas las cosas, con roles fundamentales que cumplir. Eran respetadas, apreciadas y queridas. En esos períodos remotos de la historia de la humanidad, los valores morales, éticos, religiosos, jurídicos y políticos estaban estructurados por y en torno a la mujer. Aun cuando se pasó de la ginecocracia al matriarcado y luego al paternalismo, la mujer nunca perdió su fundamental posición en las sociedades. Lamentablemente, esa preponderancia de las mujeres fue desechada paulatinamente por el cristianismo a partir del siglo I, para poder afianzar el machismo creado por los intérpretes, y para desechar cualquier valor que hubiese tenido la mujer en el pasado de la humanidad. Esto pudo influir en la misoginia desarrollada también por el cristianismo y el catolicismo durante los siglos posteriores, con el propósito de dar veracidad a las interpretaciones de los primeros capítulos del Génesis por los doctores, teólogos y santos de la Iglesia.

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