lunes, 14 de octubre de 2024

La Distorsión de la Verdad a través de la Imaginación Teológica



                             

La Imaginación Fantástica en las Interpretaciones Cristianas



Introducción


Es un hecho común que los creadores e intérpretes del cristianismo, en sus escritos, afirman estar inspirados por el Espíritu Santo o por otros medios no convencionales como sueños, apariciones e iluminaciones. Estas inspiraciones han sustentado muchos escritos brillantes de estos sabios religiosos.

Filón de Alejandría (20 a.C. – 45 d.C.), teólogo judío, alumno de Platón, exégeta, escritor, historiador y uno de los pilares del cristianismo, ofrece una explicación sobre este tipo de inspiración. Según Filón, “Que como la filosofía en muchos casos, no logra sino atisbar la verdad sin lograr precisarla, dejando interrogantes que para resolverlas la razón necesita de la ayuda de la revelación, la cual se trata de una especie de adivinación, una especie captación intuitiva, no producida por el estudio y opuesta tanto a la intelección laboriosa como a la superficial, es un conocimiento en que el espíritu divino sustituye al espíritu humano, es necesario para resolver los interrogantes que la razón no puede esclarecer por sí sola”.

Revelación e Imaginación en las Escrituras


Esta noción de revelación se relaciona con lo que más tarde se llamaría imaginación, y lleva directamente a los misterios. Estos misterios, a menudo, se utilizan para no explicar lo inexplicable o para ocultar una mentira producto de la imaginación.

Filón de Alejandría sostiene que la Biblia puede interpretarse de modo literal o alegórico. Este último modo fue sistematizado por Filón y adoptado por los padres de la Iglesia para interpretar las Escrituras. Afirmaban que dicho método tenía una utilidad práctica, ya que permitía presentar una aplicación vívida de la doctrina. Sin embargo, no aclaraban que esa presentación era el producto de su imaginación, lo que les permitía caer en exageraciones piadosas o mentirosas, contrarias a la verdad y a la razón, olvidando que el sentido básico de la Biblia es el literal. Han querido cambiar su sentido para impresionar la fantasía e imaginación de los hombres, con el fin de dominarlos, afirmando que la Biblia es la palabra de Dios que enseña a los hombres la verdadera felicidad o el camino de la salvación, cuando en realidad muestra algo totalmente distinto.

La Imaginación en la Interpretación Teológica


La imaginación utilizada por los teólogos cristianos es vaga e inconstante. En consecuencia, la simple imaginación no implica por su naturaleza la certeza. Para que podamos estar ciertos de las cosas que imaginamos, es necesario añadirles raciocinio, aunque a pesar de ello no se puede afirmar que sea la verdad. Muchas interpretaciones de los sabios del cristianismo se alejan de lo escrito literalmente, haciendo imaginar que las Escrituras pensaban otra cosa, pero que por alguna razón quisieron describirla así. Para darle validez a su afirmación, establecen que es el Espíritu Santo quien los ha iluminado para descifrar y hacer entender a sus seguidores lo allí escrito.

Ejemplos de Interpretaciones Imaginativas


Podrían citarse muchos ejemplos de esa prolífica imaginación de los padres de la Iglesia. Hasta podría afirmarse que la mayoría de sus interpretaciones son producto de esa fantástica imaginación que los acompaña.

Todos conocen la fábula de Adán y Eva y el Paraíso terrenal o Edén, donde se menciona “el árbol de la vida”. Filón de Alejandría lo considera no como un árbol misterioso cuyos frutos producen la inmortalidad al comerlos, sino como un símbolo del sol, fuente de vida, que además representa la mente y el corazón. Filón descubre en dicho árbol la vida de piedad, propia de los hombres perfectos. ¿Hay que aceptar sin reservas esa fantasía nacida de la mente de Filón de Alejandría porque era un gran teólogo y apologista?

Ireneo de Lyon (130-202), usando su imaginación, afirmaba que Adán era un niño y que tenía que desarrollarse hasta llegar al estado adulto, y por tanto no tenía un juicio perfecto, por lo que fue fácil para el seductor engañarlo. ¿Quién era el seductor? Eva, también recién nacida. ¿Y ella sí tenía juicio perfecto? Ambrosio de Milán (340-379) afirmó que, sin género de dudas, Adán y Eva conocían perfectamente y sabían distinguir el bien del mal, pues no eran niños y además conocían la dimensión del precepto. Esa afirmación de Ireneo, además de ridícula, contradice a los teólogos que le atribuían a Adán el don de ciencia infusa.

Clemente de Alejandría (150-215), exégeta judío, también usó su imaginación al afirmar que Dios creó inmortal a Adán y que la muerte fue introducida por el primer hombre al comer del árbol prohibido. Es decir, Adán era inmortal y al comer del árbol del bien y del mal, se convirtió en mortal. Esa imaginativa teoría, por supuesto, fue compartida por los padres de la Iglesia y la convirtieron en profunda filosofía y en irreductible teología aceptada sin reparos, para fortalecer la ficción de Adán y Eva, y para excluir o minimizar al hombre y a la mujer creados por un Dios omnipotente en la primera creación del mundo contenida en Génesis 1.

La Contradicción de las Interpretaciones con las Escrituras


Anterior a estas interpretaciones, Filón de Alejandría, sobre el mismo tema, extrajo de su fértil imaginación que en la primera creación del mundo (Génesis 1) Dios creó un prototipo, una idea ejemplar de hombre, que no es corpóreo ni es mortal, ni es varón ni es mujer, ni sujeto a pasiones, vicios o corrupción física. En otros términos, es un hombre celestial que no participa en nada de lo terrenal. Pero en la segunda creación (Adán y Eva), Dios tomó polvo de la tierra y plasmó al hombre, que sí es mortal, es varón o hembra, tiene pasiones y vicios, limitaciones y achaques; es decir, participa de todo lo terrenal porque fue hecho del polvo de la tierra.

Estas creaciones, producto de la imaginación de Filón de Alejandría, fueron posteriormente desarrolladas y tenidas como ciertas por Orígenes (184-253), teólogo, filósofo, traductor, escritor y padre de la Iglesia, y por Ambrosio de Milán (340-379), quien mantenía que Dios en la primera creación formó el alma y en la segunda, el cuerpo carnal.

Es evidente que Filón de Alejandría y todos los padres de la Iglesia que comparten y desarrollan su imaginativa teoría contradicen lo escrito en Génesis 1:27-28: "Dios creó al hombre a su imagen, a imagen de Dios los creó; varón y hembra los creó". "Y los bendijo Dios y les dijo: fructificad y multiplicaos, llenad la tierra y sojuzgadla..."

Es incuestionable que Dios creó humanos, no un prototipo ni un hombre celestial. A esos humanos les ordenó crecer y multiplicarse; la escritura es clara. En Génesis 1:29, Dios les da plantas y frutos para comer. Un hombre celestial, o un alma como lo llama Filón de Alejandría, que no es corpóreo, que no es varón ni es mujer, no puede crecer y multiplicarse, porque los humanos seríamos todos celestiales e inmortales; un hombre celestial no necesita comer. Considero que lo absurdo de esa imaginación no necesita más comentarios. Cada lector es libre de sacar sus propias conclusiones.

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