jueves, 24 de octubre de 2024

La Imaginación en la Interpretación Cristiana: Entre Dogmas y Ficciones.

 

                                 

Los Intérpretes y sus Fantásticas Imaginaciones


Ambrosio de Milán y el Plural "Hagamos" en la Creación


Ambrosio de Milán también usó su imaginación para explicar el plural "hagamos", empleado por Dios en la creación. Lo expresó en los siguientes términos: "Cuando Dios Padre dice hagamos, se refiere al Hijo, y le dice: hagamos al hombre; y afirma que la creación humana es obra directa del Padre y del Hijo, sin intervención de ninguna criatura."

Ahora bien, ¿a cuál Hijo se refiere Ambrosio de Milán? ¿Se refiere a Jesucristo? Los traductores de la Biblia, cuando interpretan ese plural, muestran dudas sobre si son varios los dioses que intervinieron en la creación o si se trata de un error de quienes escribieron el texto o de la traducción misma.

Si el Hijo al que se refiere Ambrosio de Milán es Jesucristo, resultaría lógico entender que, al momento de esa creación, Jesucristo era una figura aún desconocida. Por lo tanto, no parece confiable ni tiene sentido lógico la imaginación de Ambrosio de Milán al respecto.

La Imaginación de San Agustín de Hipona y el Pecado Original


San Agustín de Hipona (354-430), escritor, teólogo y filósofo cristiano, fue Obispo de Hipona, Doctor de la Gracia, considerado el mayor pensador cristiano del primer milenio, y poseía una prodigiosa imaginación, potenciada por el Espíritu Santo, dado su elevado rango dentro de la Iglesia.

Uno de los frutos más importantes de su imaginación, que ha tenido un impacto fundamental en el dogma y la doctrina cristiana, es el concepto del pecado original. San Agustín modificó este concepto en tres ocasiones a lo largo de 26 años.

En su primera etapa, afirmó que "los hombres, desde la caída de Adán, tienen una carne condenada a la muerte". Luego, en una segunda fase, aseguró que "todo hombre hereda desde su nacimiento la pena del pecado de Adán, no solo en su carne condenada a la muerte, sino también en su alma, que se mancilla con los estigmas de la concupiscencia". Finalmente, concluye que "el hombre contrae desde su nacimiento —por vía de propagación y no por imitación— el pecado original. Esta falta es de naturaleza transmisible debido a la desobediencia de nuestros primeros padres". Agustín insistía en que fue el pecado de Adán el que introdujo tanto la muerte como el deseo sexual en la humanidad.

La Prolongación de la Imaginación: El Pecado Original en la Doctrina Cristiana


La humanidad ha sido ahogada durante casi dos mil años con este pecado imaginario, una doctrina impuesta a través del miedo y el terror. Sin embargo, la mortalidad de los seres humanos no puede ser el resultado de un castigo divino, y mucho menos se puede castigar a toda la humanidad por la transgresión de un solo hombre.

Si meditamos por un momento sobre esta noción, es fácil percibir la inmensa falsedad que la rodea. La implementación de este concepto, y su uso durante siglos, no han tenido otro fin que el de sojuzgar y dominar a los seguidores de la fe, quienes han sido guiados por el miedo derivado de este engaño.


La Interpretación de Santo Tomás de Aquino


Santo Tomás de Aquino (1225-1274), quien nació 795 años después de San Agustín de Hipona, fue quien desarrolló la doctrina del pecado original con mayor intensidad. Su teología y filosofía sobre este tema alcanzaron una aceptación considerable, ya que fue uno de los más ilustres Doctores de la Iglesia Católica.

Siguiendo la imaginación de sus predecesores, Santo Tomás afirmaba que "el pecado original, como desorden de la naturaleza, es una disposición desordenada de la naturaleza misma, que tiene carácter de culpa porque se deriva de Adán". Las interpretaciones de Santo Tomás fueron aceptadas sin oposición, respaldadas por la infalibilidad del Papa, lo que evitó que alguien se atreviera a contradecir a tan ilustre sabio.


El Pecado Original y el Miedo a lo Desconocido


Es evidente que la "sabiduría" extraída de la imaginación de estos sabios fue proyectada sobre sus seguidores, quienes, cuanto menos entendían sus enseñanzas, más los admiraban. Invito al lector a reflexionar si es posible creer que una transgresión cometida por un hombre en un momento perdido en la oscuridad del tiempo podría transmitirse a toda la humanidad durante eones. A pesar de toda la teología y filosofía con la que este concepto ha sido envuelto, no tiene sentido.

Millones de seres humanos, seguidores del catolicismo, han vivido durante veinte siglos atormentados por la idea del pecado original. La preocupación por bautizar a los hijos lo más pronto posible, para liberarlos de esa "pesada" carga, ha sido constante. Quienes no han sido bautizados viven atemorizados, ya que llevan la carga del pecado original, un pecado equiparado al mortal. Temen que, si mueren sin ser bautizados, irán directamente al infierno por el resto de la eternidad.

Este miedo, originado en la imaginación de los padres del cristianismo y del catolicismo, ha mantenido a millones de seres humanos en un estado de pánico incontrolable. La existencia de un "más allá", descrito como el infierno, no ha sido probada, pero continúa siendo una poderosa herramienta de control.


Reflexiones sobre los Sabios del Cristianismo


Se podrían escribir miles de páginas describiendo los milagros, las intervenciones del Espíritu Santo, las conversaciones con los ángeles y la iluminación que, supuestamente, fue dada directamente por Dios a estos sabios del cristianismo. Estos personajes, elegidos para crear el cristianismo, afirmaron poseer la patente para recibir y comunicar misterios inalcanzables para el común de los humanos, ofreciendo la salvación de las almas.

Es importante que reflexionemos objetivamente, sin pasiones ni fanatismo, sobre la poderosa imaginación que permitió la creación de un imperio religioso que se ha mantenido por más de dos milenios.

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